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Hay eventos que se montan.
Y hay eventos que se sienten nada más entrar.
En Madrid, en pleno congreso por el 80 aniversario de Framesi, la estética lo decía todo: espejos, reflejos y un bronce que lo envuelve todo. Y si el concepto va de brillar, el primer impacto no puede ser “correctito”.
Por eso, Alai Retail nos encargó el elemento que iba a coronar la recepción del congreso: un corpóreo de logotipo que no pasa desapercibido ni aunque mires hacia otro lado.
El reto: un logo de 4 metros que no admite “más o menos”
El corpóreo mide 400 x 160 x 60 cm.
Traducido: grande. Grande de verdad. De los que si fallas un milímetro, se nota a 20 metros.
La clave era clara: tenía que integrarse en el universo espejo del evento y, a la vez, destacar con personalidad propia. O sea: reflejar… sin desaparecer.
La solución: capas, volumen y un bronce con mala intención (de la buena)
El conjunto se construyó sobre una base completamente espejada en plata, que actúa como escenario y amplificador del entorno.
Encima, levantamos una estructura en metacrilato ácido (ese acabado que difumina la luz y te da un “lujo silencioso”) que sostiene el logotipo realizado en porex, con un tratamiento muy específico:
Lo que no se ve (pero es lo que lo hace funcionar)
Aquí no hubo “ponle un bronce y listo”.
Hubo búsqueda, contraste y selección de tonos, colores y acabados hasta dar con el punto exacto. Porque cuando trabajas con reflejos, cada decisión se multiplica: la luz, el entorno, la distancia, el ángulo… todo influye.
Y cuando el elemento está en la entrada, el margen de error es cero. Es el primer “hola” del evento. Y si el “hola” flojea, lo demás da igual.
Resultado: una recepción que atrapa
El corpóreo no solo señaliza: crea escena.
Refleja el espacio, dialoga con la iluminación y convierte la entrada en un momento. De esos que la gente fotografía sin pensarlo demasiado (la mejor señal de que funciona).